La chica apoyó un hombro en la pared mientras él seguía rebuscando en sus bolsillos y dijo con voz triste, casi como un pensamiento en voz alta:
- Hubiéramos sido felices juntos.
- ¿Tú y yo? – se sorprendió con las llaves en la mano y volviéndose a mirarla. – Tú y yo no hubiéramos sido felices nunca. No somos felices por separado y no lo hubiéramos sido juntos.
- ¿Seguro?
- Segurísimo. Pero hubiéramos compartido nuestra infelicidad de tal modo que la gente hubiera pensado que sí.
- Pero eso no basta ¿verdad? – dijo ella entrando al portal.
- Quién sabe. Igual a los que ven pelis los domingos lluviosos tapados con mantas sí.
- Pero nosotros ni siquiera tenemos palomitas. – rió la chica volviendo a bromear.
- No, pero creo que queda una bolsa de patatas. Si con eso te vale…
- Me vale.
Con él le valdría todo, las películas raras en pleno verano, las patatas en vez de palomitas… hasta le valdría la infelicidad compartida.
Una historia tonta, de las historias que no llegan nunca a ser una historia, encontrada en el blog de INDO.
